Socialismo (y contaminación) del siglo XXI

Luis A. Núñez (nunez@ula.ve)

Debo confesar que desde las primeras lecturas me atrajo el materialismo histórico. Fui seducido por ese intento de entender la Historia basado en las transformaciones de los mecanismos de producción, embadurnado de un modelo con un saborcito cuantitativo que me acercaba a comprender por qué hemos hecho las cosas los humanos.

 Así que no me asusta la palabra socialismo o marxismo. Lo que sí me asusta es no saber qué significa hoy el socialismo, olvidando lo que significó ayer. Las declaraciones de los presidentes del ALBA en la reunión de Copenhague me hacen desempolvar que, más allá de esa ilusión de un mundo mejor, el socialismo también significó imposición de un pensamiento único, interpretado bajo la visión política del proletariado. Aunque uno siga soñando con un socialismo del siglo XXI distinto y consciente.

 El socialismo del siglo XIX estuvo estrechamente vinculado a la industrialización, por lo que en el siglo XX países como la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y demás repúblicas socialistas impulsaron ese proceso. Hoy, a 20 años de la caída del Muro de Berlín, sabemos que la industrialización socialista generó crímenes ecológicos. El centralismo exacerbado, la defensa a ultranza de la ideología del proletariado y la idea de desestimar la opinión de expertos, fueron algunas de las razones de esos desastres. Incluso, se llegó a crear marcos teóricos con datos falsos que estuvieran alineados con la ideología del partido. El desafuero del Mar de Aral (Asia Central) planificado para cubrir necesidades de vestido, independencia alimentaria y seguridad nacional; la contaminación por desechos radiactivos en el ártico en la frontera Noruega generados por las bases de la Flota Roja del Norte; y la infinidad de enfermedades pulmonares, producto de las emisiones industriales descubiertas en la ex-Alemania Oriental, fueron algunos de los crímenes ambientales impulsados (y silenciados) por la industrialización del proletariado.

 Es paradójico entonces que el socialismo sea la solución a los males ambientales, tal como lo plantea el grupo del ALBA. Además, en la reciente reunión de Copenhague se percibe a una China socialista pactando con Estados Unidos en un acuerdo que no permite la supervisión para verificar el cumplimento de sus tenues compromisos; se sigue escuchando la defensa de la clásica y contaminante industrialización China, justificándola con niveles de emisión per capita.

 En pleno tránsito de una sociedad industrial a una informacional, no se entiende en qué parte el “nuevo socialismo” se incorpora la presencia de la industria basada en el conocimiento.  Realmente no se encuentra diferencia entre esta propuesta del socialismo del siglo XXI con la tradicional y contaminante que existió en  el siglo XX. En pocas palabras, cuando se aborda el problema ambiental, uno no termina entendiendo por cuál sistema habremos de cambiar el tan desprestigiado capitalismo.

~ por makeoilgreen en 01/04/2010.

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