Copenhague y la diplomacia ecológica

El Universal — jueves 10 de diciembre, 2009

Julio César Pineda (jcpineda01@gmail.com)

Deberá buscarse una nueva economía y un desarrollo bajo en petróleo y carbón

Copenhague pasará a la historia como centro mundial de la diplomacia del siglo XXI en el combate contra el calentamiento global del planeta. Como nunca el cambio climático preocupa a toda la humanidad. La primera Conferencia Mundial sobre el clima se celebro en Ginebra en 1979. En abril de 1970 se había realizado la “Jornada de la Tierra” en Estados Unidos, se consideraron temas ecológicos y se expresó preocupación por la contaminación creciente, el peligro de la industria nuclear, la biodiversidad y el aire y el agua, pero en esos tiempos el calentamiento global no era un tema prioritario. El tema del clima apareció en la agenda política y diplomática de la Conferencia Mundial sobre el Ambiente de Estocolmo en 1972, pero en 1979 el calentamiento global en Ginebra fue considerado especialmente por el aporte de la Organización Meteorológica Mundial. Desde ese momento el cambio climático y el recalentamiento del planeta se convirtió en tema permanente de las cancillerías y en exigencia de la nueva diplomacia regional y mundial. Esto pudo constatarse en la Convención Marco de la ONU en la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro en 1992 y fundamentalmente durante las negociaciones y la aprobación del Protocolo de Kyoto de 1997. La diplomacia ambiental adquirió su propio perfil auxiliando en las negociaciones y en los acuerdos internacionales a los científicos y especialistas de las actividades humanas sobre el ambiente.

En los últimos tiempos el consumo de hidrocarburos, la deforestación, la utilización irracional de la tierra en la agricultura y ganadería, la pesca industrial, la urbanización e industrialización y los gases con efecto invernadero que se agregan a la atmósfera recalientan la superficie del globo; lo cual ha producido el aumento de la temperatura media en 4° centígrados, equivalente al proceso que ha tenido lugar desde el último periodo glacial que cambió la geografía planetaria. Por eso la importancia de la Conferencia de Kyoto de 1997 y la normativa establecida en el Protocolo donde por primera vez se determinan cifras de emisión de gases con efecto invernadero con la necesaria reducción para los Estados firmantes en un periodo hasta el 2010 tomando en consideración los niveles de 1990. Se afirmó el compromiso de un desarrollo sostenible y la lucha contra el calentamiento climático. En esa oportunidad los movimientos ecológicos y partidos verdes como las ONG’s ambientalista influyeron en la toma de conciencia de la sociedad civil y en la obligación de los gobiernos frente a los lobbys del carbón y el petróleo.

Importante ha sido el apoyo del grupo de expertos intergubernamentales sobre la evolución del clima formado por la OMM y el PNUMA en 1998.

En estos momentos la Cumbre del Clima de Copenhague señala un nuevo rumbo porque como lo dijo el Primer ministro de Dinamarca, Lars Okke Rasmussen, “el cambio climático no conoce fronteras y nos afecta a todos”. No será fácil la negociación y los acuerdos cuando se trata de superar lo establecido en el Protocolo de Kyoto para evitar el aumento de más de 2° centígrados de la temperatura global del planeta, con la exigencia absoluta de reducir las emisiones contaminantes entre un 25% y un 40% para el 2020 sobre el nivel de 1990, y entre un 50% y un 80% para el 2050. Ha sido ejemplarizante lo decidido por Japón de pasar de un 8% a un 25% o Noruega que más allá de la Unión Europea no sólo redujo el 20% sino que unilateralmente se ha fijado el 40%. Especial exigencia se hace a los grandes contaminantes Estados Unidos y China, al igual que a todos aquellos que con las emisiones de carbono y gases de efecto invernadero complican la ecología mundial en un tema tan sensible como el clima que no conoce fronteras y afecta a todos y a cada uno de los seres vivos.

Es la hora de la revolución verde, de la Revolución Ecológica, después de las revoluciones políticas en lo liberal la norteamericana y francesa, en lo social la rusa y la china. Tiempos de seleccionar lo mejor del capitalismo y del socialismo dentro de un modelo ambiental nuevo con un diferente uso de la energía donde se sustituya el petróleo, el gas y el carbón, se incrementen bosques y árboles para encontrar el tiempo y el espacio perdido con un nuevo clima en el planeta. Deberá buscarse una nueva economía y un desarrollo bajo en petróleo y carbón porque el calentamiento del planeta es inequívoco y de origen antropogénico.

En la época de la bipolaridad científicos estadounidenses y soviéticos alertaron lo que sería una guerra nuclear y su efecto en la atmósfera, denominado “invierno nuclear”, entre ellos Carl Sagand y Vladimir Valentinovich. En estos tiempos podríamos llegar al mismo efecto si fracasa la diplomacia y al política en Copenhague.

~ por makeoilgreen en 16/02/2010.

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